lunes, 8 de septiembre de 2008

Miedo a volar o alarma social

Los especialistas en crear eso que ellos mismos llaman 'alarma social' tienen muy clara la técnica para conseguir el objetivo que se proponen. Se trata de repetir hasta la saciedad presuntas noticias relacionadas con un caso, por supuesto en tono alarmante, hasta conseguir el volumen suficiente para deducir que es la sociedad la que está alarmada y exigir entonces medidas, preferentemente drásticas y relacionadas siempre con el Código Penal. El catálogo de temas a tratar es de dimensiones enciclopédicas y va desde De Juana Chaos hasta la medusa que llaman carabela portuguesa, pasando por recurrentes brotes de xenofobia o diversas gripes de origen animal. La elección depende de la temporada o de las necesidades editoriales del alarmador en cuestión. La cosa es dar con el tema, dimensionarlo adecuadamente, mejor dicho, sobredimensionarlo, y explotarlo liderando la información y las 'exclusivas'. ¿Alguien recuerda a estas alturas aquel célebre manifiesto por la lengua común que impulsaron Savater y Rosa Díez?. Pues hace dos meses nos lo vendían como el tema que más interesaba, y en consecuencia alarmaba, a la ciudadanía de bien.
Ocurre sin embargo que a veces a estos aprendices de brujo se les escapa de las manos el monstruo que han creado y acaba tomando vida propia, aunque solo sea por el breve plazo de unas semanas. A nuestra sociedad de consumo ni una buena alarma social le dura más allá de un mes.
Viene todo esto a cuento de lo que sucedió ayer mismo en el aeropuerto de Loiu, donde los pasajeros de un vuelo de Spanair se negaron a volar en un aparato en el que 'se encendió una luz roja' lo que obligó a su revisión. Desembarcados de la nave, los alarmados viajeros exigieron a la compañía que les proporcionara otro aparato aunque ello les costara toda la tarde de espera en el aeropuerto. Si el incidente se hubiera producido hace un mes, no hubiera ocurrido nada más allá de un retraso y unas molestias que hubieran generado, a lo sumo, unas quejas sobre la informalidad de las compañías aéreas. Pero en las mentes de los pasajeros del vuelo de Loiu pesó no solo el recuerdo de la tragedia de Barajas de hace apenas tres semanas, sino el de todas las noticias relacionadas con averías, cancelaciones e incidentes relacionados con la aviación comercial, que nos han venido sirviendo a diario desde entonces. El razonable miedo a volar que todos sentimos al menos durante un instante fugaz cuando estamos en un aeropuerto, se transformó en un estado de alarma que alteró el comportamiento de un grupo de ciudadanos sensatos que ni siquiera se pararon a pensar que son el piloto y la tripulación, es decir, los que mejor conocen el avión y su estado, los primeros interesados en garantizar la seguridad del vuelo, probablemente porque ellos también están a bordo. ¡Que ganas tengo de que descubran una mutación genética asesina del pimiento de piquillo para que nos dejen volar en paz!

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3 comentarios:

kanif dijo...

Podemos hablar sin parar del Acelerador de Hadrones y el agujero negro que engullirá la tierra, hasta crear alarma y que se olvide todo lo demás ;-)

Juan Carlos Latxaga dijo...

ja,ja. Impresionante. Cuando la revolución sandinista Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina adiestraban en el manejo de las armas a base de canciones a los nicas que no sabían leer, y ahora estos tipos del video nos enseñan a nosotros qué es un Acelerador de Hadrones con un rap, lo que solo puedo interpretar aceptando que nos consideran unos analfabetos funcionales. Y va a ser que tienen razón

Javier Vizcaíno dijo...

De acuerdo en todo, menos en una cosa: ¡Ni tocar el pimiento del piquillo!