jueves, 4 de septiembre de 2008

Tanta televisión rosa nos ha reblandecido las neuronas



Algo está pasando, o nos está pasando y no creo que todo sea culpa del cambio climático. Hasta ahora, en este país la llamada clase política había conseguido mantenerse al margen del cotilleo. La vida privada de nuestros políticos era eso, privada, y aunque no faltaban rumores sotto voce, y muchos 'si yo te contara' o 'lo sé de buena tinta', nunca esos rumores se empapaban precisamente en tinta de imprenta y quedaban como lo que eran, comentarios a pie de barra, chascarrillos para hacer unas risas o para alimentar el ego de los que siempre tienen que presumir de saber más que nadie y de tener acceso a informaciones de las que carecemos el resto de los mortales.
No sé si será fruto de la casualidad que en el escaso espacio de una semana hayan saltado a los medios la noticia de la operación de cirugía estética de la nuera del rey y el rumor de la paternidad de Aznar con la ministra de Justicia de Francia, rumor que nació en una web presuntamente marroquí.



Parece que una vez abierta la puerta, ya hay barra libre y al grito de el último puchi, los medios se han lanzado en plancha al barrizal. Ya no van al Congreso a hacer la foto de seria de contenido político, o sea, la del diputado votando con el pie, durmiendo o metiéndose el dedo en la nariz. Esta foto de aquí abajo es lo último en información política: el implante de pelo que al parecer se ha hecho Bono



Ninguno de los tres personajes me caen ni medio bien, pero reivindico su derecho a hacer lo que les de la gana con sus cuerpos siempre que gasten de lo suyo. A la democracia de baja calidad que tenemos, solo le faltaba que cayera en manos de los buitres que se lo comen todo con salsa rosa. En otros países como Inglaterra la diferenciación entre prensa amarilla y prensa seria permite la compartimentación de la información y el chascarrillo de manera que el lector, o la sociedad, sepa distinguir una cosa de la otra. Aquí ya estamos viendo a periodistas a los que se tenía por serios dando voces en el mismo plató en el que después de la publicidad, tonadilleras, ganapanes y otros individuos de imposible descripción cuentan sus miserias a cambio de un precio. Ya sólo falta que los que entrevistan a estos previo pago, se acrediten en el Congreso y empiecen a contarnos las virtudes de la Transición. Me temo que en ello estamos. Y si no, al tiempo.

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