viernes, 17 de octubre de 2008

La amnesia democrática

El juez Garzón se ha declarado competente para investigar la represión franquista y ha ordenado reabrir diecinueve fosas comunes donde se supone que yacen los restos de muchos de aquellos de miles de represaliados. No me fío del juez Garzón, porque en la mayoría de los casos en los que ha intervenido, ha habido más ruido que nueces. No me creo que nadie pueda saber de todo, ni que nadie tenga el tiempo suficiente para estudiar un presunto fraude en un partido de la Copa de la UEFA por la mañana, desarticular un comando de ETA por la noche, empapelar a Pinochet a la hora de la merienda y cerrar un periódico en un rato suelto que le quedaba libre. No me lo creo. Así que me temo que también en este asunto de la represión franquista, la cosa va a quedar en agua de borrajas, entre otras razones porque ni al PP ¡ni al Gobierno del PSOE! les interesa remover esas aguas tan turbias.
De momento, la Fiscalía, que depende directamente del Gobierno, se ha opuesto a la decisión de Garzón. Dice que todo se cerró con la amnistía de 1977 y que no se puede hablar de delitos contra la Humanidad cuando esta figura se estableció durante los juicios de Nuremberg, celebrados con posterioridad al golpe de Estado de Franco.
Con otras palabras, Fraga ha venido a decir lo mismo. Ha sido más contundente, como es habitual, porque él nunca ha necesitado de remilgos ni de diplomacia. El siempre ha estado en el bando de los vencedores, en el del ordeno y mando, y con la edad que tiene ya no le vas a hacer cambiar. Como tampoco vas a cambiar a Esperanza Aguirre, que se ha posicionado al lado el presidente de honor de su partido como un solo hombre. A los dos les conviene mantener el estado de amnesia en el que sumieron a la sociedad hace más de treinta años. Es la amnesia democrática, la que ha homologado a vencedores y vencidos, el gran logro de esa Transición tan alabada, sobre todo por quienes más beneficio sacaron. Que fue mucho. Entre pagar por las responsabilidades adquiridas a la sombra del aparato franquista, a ser considerados demócratas de toda la vida hay una diferencia oiga, dónde va a parar.
No conviene remover el pasado, no vaya a ser que las nuevas generaciones se enteren no ya de lo que hicieron nuestros abuelitos, sino de cómo se hizo rica mi familia, cómo nos hicimos con un periódico que ahora da lecciones de democracia, o por qué caminos llegamos a consejos de administración o a cargos públicos con una camisa azul como único expediente académico. Por cierto, la misma camisa azul que unos imbéciles lucirán el 25 de octubre en Gasteiz con el permiso expreso del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, tal vez porque otros que no tienen un pelo de imbécil, siguen guardando esas camisas bien planchadas en el armario, porque es mejor olvidar todo aquello, claro, pero dentro de un orden.
Ojalá me equivoque con Garzón y el juez siga hasta el final por una vez. Miles de descendientes de represaliados sabrán por fin dónde están sus allegados asesinados. Será un consuelo para ellos que no es poco, pero que no es mucho, apenas nada si pensamos en términos colectivos. El daño ya se hizo hace más de treinta años, cuando los que cavaron aquellas fosas exigieron a los descendientes de los que yacían dentro que echaran unas cuantas paletadas de tierra encima, si no querían que siguieran abiertas a la espera de nuevos inquilinos. Le llamaron consenso y reconciliación y al resultado lo bautizaron como Transición, así con mayúscula. Luego se dedicaron a acompañar a casi todos los sustantivos con un calificativo: democrático. Consenso democrático, discrepancia democrática, fiestas democráticas, sistema democrático, parlamento democrático, televisión democrática, semáforos democráticos... todo es desde entonces democrático en este país. Si revisas periódicos e informativos, la palabra democracia y sus derivados se pronuncia en España en una proporción de diez a uno en comparación con cualquier otro idioma o país. ¿Por qué será?. El refranero castellano ofrece varias explicaciones...

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