Definitivamente, no está siendo ésta la mejor semana de la vida del líder de la derecha y de la ultraderecha española. Mariano Rajoy, cogido in fraganti mientras confesaba a su compañero Javier Arenas lo que verdaderamente opina del desfile militar del llamado Día de la Hispanidad, antes De la Raza, demostró apenas veinticuatro horas más tarde estar en posesión de una de las características más preciadas por los políticos: un rostro pétreo, de la consistencia del mejor hormigón armado. Hay que tenerlo para presentarse delante de todos los militarotes después de calificar de coñazo su kermese anual, que tantas horas de ensayo cuesta a sus participantes. Es más, yo diría que más de uno no hace otra cosa el resto del año que ensayar el desfile.
A don Mariano le ocurre lo que a Brassens, que dejó escrito aquello de 'Cuando la fiesta nacional,Yo me quedo en la cama igual, Que la música militar, Nunca me supo levantar'. Debió hacerle caso al poeta y quedarse en la cama el señor Rajoy.
Más le hubiera valido y a lo mejor hasta se hubiera ganado algún voto de esa llamada derecha civilizada, que en este país en muchos casos todavía es una contradicción en sus términos. Fue curioso y hasta tranquilizador comprobar que el líder del partido que expende certificados de patriotismo no demuestra en la intimidad el entusiasmo militante por la cosa castrense que se les supone a los de su ideología. Fue curioso y revelador, ver los patéticos esfuerzos de la ministra Chacón por limpiar el expediente del líder de la oposición dando fe, ella misma, como notaria patria, de la adhesión inquebrantable de don Mariano a la bandera, las cornetas, los tambores y hasta al carnero de la Legión. El mundo al revés.
Y cuando don Mariano parecía haber superado sin más daños que el recrudecimiento del rapapolvo matutino que le dedican los entornos mediáticos de la derecha, llega La Sexta, y coloca en su informativo un vídeo que incluye un regalo sorpresa final. Las casualidades, como las armas, las carga el diablo. La experiencia de cientos de erratas acumuladas a lo largo de muchos años me aconseja que no hay que buscar tres pies al gato y que sólo se trata de eso, de un patinazo divertido que no debería tener más trascendencia. De lo contrario, sería como para sospechar que alguna autoridad, militar por supuesto, se ha tomado la justicia por su mano. Menos mal que ha sido en La Sexta. Imaginemos por un momento que hubiera sido en alguna otra cadena que no hace falta nombrar.
Menéame
Technorati: periodismo
GBookmarks: marcar
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada