Una periodista que es numeraria del Opus ha escrito un libro basado en las declaraciones, confesiones, o como se quieran llamar, de una señora de derechas de toda la vida que cumple 70 años esta semana y se ha organizado un revuelo de padre y muy señor mío. La señora que felizmente cumple años es a la sazón reina de España y ha expresado sus opiniones sobre el matrimonio entre homosexuales, la eutanasia, el aborto, la violencia de género, la religión y hasta sobre el candidato Barak Obama, del que, según el libro, admira sobre todo que un negro pueda llegar tan alto, y que tanta responsabilidad quede en manos negras, nada menos.
Opiniones como las que se leen en el libro se pueden oir en cualquier cafetería de postín de la calle Serrano de Madrid a la hora de la merienda. Y quien dice la calle Serrano, dice la Avenida de Donostia o la Gran Vía de Bilbao. Las señoras de 70 años en general y las de derechas de toda la vida en particular, opinan más o menos lo mismo de esos asuntos. Si alguien pretendía que la reina de los españoles pensaba de manera distinta a las de su clase y edad, no se sabe muy bien por qué extraña razón, habrá quedado profundamente defraudado. De ahí, quizá el revuelo que se ha armado para alegría de la autora del libro, que se ha encontrado con la mejor de las publicidades que podía haber imaginado.
No acabo de entender a qué viene tanto rechinar de dientes y tantas vestiduras rasgadas. Lo que hubiera sido de traca es que una señora de 70 años que trabaja de reina en España porque en su país hicieron un ERE y suprimieron su puesto de trabajo, hubiera manifestado su deseo de participar en el próximo desfile del orgullo gay, esa sí que hubiera sido una noticia y hasta yo hubiera corrido a comprar el libro para leerlo con mis propios ojos.
Se demuestra una vez más que vivimos en un país que tiene rabo de paja. Que a poco que se rasque en la pintura salen a relucir los desconchones. Y cuando eso ocurre hay quien se pone digno y se la coge con papel de fumar. Y entonces hablan y hablan quizá para evitar un silencio que invitaría a pensar, funesta manía que tenemos algunos. La reina a quien tanto quieren y tanto les quiere les ha fallado solo por decir lo que lógicamente piensa. ¿Alcanza la libertad de expresión a la monarquía?. Esta misma mañana he oído en una radio poco sospechosa por cierto, que no. Ahí es nada.
Gracias a Pilar Urbano, a la que en la misma emisora estaban poniendo ante el pelotón de fusilamiento, ahora sabemos que la reina no es partidaria del aborto ni de la eutanasia; que tampoco le gustan los matrimonios entre homosexuales y que le encantaría que a los niños les enseñaran religión en la escuela para que conozcan los orígenes del mundo. ¡Qué notición!.
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No va más
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Se acabó. Los que se quieran entretener pueden seguir jugando con la
calculadora, pero pueden tener la seguridad de que las hipótesis más
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Hace 4 meses
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