Prefiero no pronunciarme. Salvo casos de flagrante grosería o machismo hirsuto, en los que la evidencia dispensa del posicionamiento por obvio, prefiero que sean las afectadas las que juzguen, puesto que son ellas las primeras ofendidas, aunque debiéramos serlo todos, pero incluso a estas alturas del partido, eso es como pedir peras al olmo. Estoy seguro de que los publicistas que han ideado la situación y el argumento del anuncio han querido buscar cualquier efecto excepto el que ha llevado su spot a las páginas de los periódicos y al debate interministerial. Como estoy seguro también de que en el equipo de trabajo habrá habido mujeres, probablemente más de una, con la suficiente preparación y posición vital como para haberse sentido ofendidas por lo que estaban haciendo antes de que la ministra Aído viniera a reprenderles. No tengo noticias de que nadie les haya preguntado al respecto.
Pero estaba dándole vueltas a las croquetas de la Puri cuando me he encontrado este reportaje en la edición digital de El Mundo. El asunto se sitúa en Argentina, pero muy bien podría llegar aquí mucho antes de lo que pensamos. De hecho, la serie televisiva a la que hace referencia ya lleva varios meses emitiéndose en alguna de las televisiones que vemos por estos pagos. Al lado de los sorteos de operaciones de aumento de pecho que se hacen en las discotecas de Argentina, el anuncio de la Puri y las Letras del Tesoro se queda en una simple crónica de gastronomía. Para machos, los empresarios discotequeros de Argentina que no dudan en desvelarnos su fina estrategia comercial: si sorteamos 'lolas' nuevas vendrán más chicas que a su vez atraerán a más chicos a nuestros locales, vienen a decir estos caballeros, convencidos de que las mujeres argentinas solo sirven de carnaza o de carnada. Ni siquiera les sirven para hacer croquetas.
Tiene trabajo por delante la ministra Aído, como muy bien debe de saber, porque desde el primer minuto de su nombramiento ha sido víctima ella misma de las críticas más furibundas de la derecha española por el mero hecho de ser mujer, joven y hasta guapa.
Y es que nos cuentan que vivimos en una sociedad progresista y una de las más avanzadas del mundo en cuestiones que afectan al sexo y al género, pero en cuando se rasca un poco nos sigue saliendo el pelo de la dehesa como lo demuestra el vídeo de aquí abajo. Anda que no nos quedan croquetas que rebozar...
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