lunes 17 de noviembre de 2008

El futuro que nos espera

Si el presente que disfrutamos es ya de por sí penoso sumidos como estamos en una crisis económica mundial de cuyos responsables, que tienen cara y ojos, no lo olvidemos, ya nadie se acuerda (qué fue de Lehman Brothers, auténticos hermanos Dalton de esta película, por ejemplo), el futuro que nos espera, al menos a los que vivimos en esta parte del mundo, produce escalofríos. El fin de semana ha sido pródigo en señales que para sí hubiera querido Nostradamus. Empezó con la imagen de Luis Roldán, entrevistado en una cadena de televisión en horario estelar. Pensaba que el revival de tan repugnante personaje me retrotraía a una de las peores pesadillas de nuestro pasado, pero lamentablemente tardé apenas veinticuatro horas en caer en la cuenta de mi error. Al día siguiente, el que compareció ante las cámaras, (creo que del mismo canal, Telecinco) fue nada más y nada menos que José Amedo Fouce, y no en calidad de interrogado bajo tarifa, sino nada más y nada menos que como debatiente en el bando de los que dicha cadena de televisión suele colocar a los próximos al PP, en oposición a los voceros del PSOE, donde Enric Sopena y María Antonia Iglesias, dos ex directores de informativos de TVE en el felipismo profundo, tienen plaza fija. El tema a debate era la corrupción, y allí estaba el convicto del GAL, con su porte de chulo de whiskería, emitiendo su autorizada opinión. Al finalizar el debate, el moderador despidió a todos sus protagonistas llamándoles por el nombre de pila. A Amedo le llamó José. En Bilbao, en tiempos en los que este ganster presidía las corridas de toros, conspicuos bilbainitos y bilbainitas, se dirigían a él por el más familiar Pepe, cuando tomaba sus consumiciones en el bar del conocido y céntrico hotel bilbaíno, porque, para quien no lo sepa, Pepe Amedo no tomaba una copa, o un café; Pepe Amedo siempre tomaba consumiciones, según su propio relato ante el juez. Porque Pepe Amedo no salía, alternaba. El lenguaje que emplean también define a las personas.
¿Es éste el futuro que nos espera?. ¿Tenemos que admitir que en las pantallas de televisión, por muy privado que sea el canal, aparezcan dos delincuentes de esta ralea?. ¿Puede la telebasura llegar a ser más asquerosa o esto es sólo el principio?.
Para acabar de perfilar nuestro porvenir, Patxi López terminó por elevar un grado más nuestra capacidad de soportar eso que se llama vergüenza ajena, acabando un mitin dirigido a los jóvenes de su partido con un 'yes, we can too'. Este es el tipo de cosas que han hecho que una buena parte de la ciudadanía haya decidido hace mucho tiempo no tomarse en serio a los políticos. López acabará comprándose un abono para un centro de rayos UVA antes de febrero. Como si lo estuviera viendo. Afortunadamente para él, ha sido Obama el ganador en EE.UU., y la imitación le puede salir relativamente sencilla aunque sea pintándose la cara con betún como el protagonista de 'El cantor de jazz'. No quiero ni imaginar de lo que sería capaz López si en lugar de Obama llega a ser Hillary Clinton la ganadora. ¡Qué país y qué paisanaje!.

llévame a Menéame Menéame mira lo que se habla en la blogosfera Technorati: Roldán
lleva este post a los favoritos de Google GBookmarks: marcar

1 comentarios:

Gontzal dijo...

Lo peor de todo esto es que esta telebasura es más peligrosa que la que hacía antes Telecinco. Me explico. A mi que Sardá sacase en antena a Carmen de Mairena, pozí o Carlos Pumares haciendo el ridículo me parecía y me parece correcto si alguien lo quiere ver. Después de tanta crítica a Crónicas, el tomate etc. han sustituido esos programas por estos supuestamente más serios donde se da dinero a mansalva a personajes como los que has mencionado.

No contentos con ello, parece que negocian, también, con el camarero-alcalde-tonadilleroconsorte Julián Muñoz para sacarle en TV tambiénm previo paso por caja.

Si esta es la nueva televisión, que vuelva la de antes. Prefiero que le den unos duros a esos pobres diablos que por insultarse y dejarse insultar en antena se gana un poco la vida.

Porque convertir en referentes ideológicos en los debates a Roldán, Amedo y cía es vomitivo.