lunes, 3 de noviembre de 2008

Rizar el rizo o el cierre del círculo


A riesgo de que este post suene a publicidad, no me resisto a comentar una noticia que me ha dejado boquiabierto por lo que encierra de paradoja o porque define con una precisión inusitada el actual estado de cosas. Me refiero al lanzamiento por parte de Playstation de un nuevo juego para sus pantallitas, nada menos que el fútbol-chapas. Con este juego doy por definitivamente cerrado el círculo que nos constriñe al mundo virtual alejándonos para siempre del mundo real, el que se toca y se huele. Escribimos en el ciberespacio, la música ya no se puede palpar en un vinilo, sino que se baja y se escucha sin 'verla' físicamente, una voz metálica nos orienta para llegar a nuestro destino cuando conducimos y hay hasta quien práctica eso que llaman sexo virtual que es una suerte de onanismo con el ratón del ordenador como herramienta. Una marca de pan de molde, que hasta la fecha era un no-pan al que recurríamos en caso de emergencia, acaba de anunciar que a partir de ahora nos venderá el auténtico pan de horno, y los más snobs, influenciables o simplemente cretinos, se lo han pasado bomba este fin de semana celebrando Halloween. Supongo que ahora estarán pensando en dónde comprarse el pavo para celebrar el Día de Acción de Gracias. Lo podrán cocinar con el caldo de la abuela que nos venden envasado en un tetrabrick.
Hasta ahora creía que había sido capaz de asumir todo eso a partir de la fortaleza mental que había adquirido desde mi más tierna infancia, cuando ya existían el café soluble descafeinado, que es al café lo que la música militar a la música, y la sacarina. Pero a partir de la llegada del fútbol-chapas virtual ya nada podrá seguir siendo como era. La tecnología se ha apropiado de la manera más obscena de un reducto de imaginación infantil que debió de quedar a salvo por el bien de todos. Jugar al fútbol, o a los ciclistas, con las chapas de las botellas de refresco o de cerveza era el mayor monumento a la creatividad y a la imaginación del ser humano, amén de un prodigio de artesanía, constancia y un punto de descaro que siempre hace falta en la vida. Había que ir por los bares a recoger las chapas que había en el suelo, escondidas entre el serrín, las servilletas de papel,las colillas y los huesos de aceituna. Sí, había que recogerlas en su entorno natural y no recuerdo que nadie pillara una infección por hurgar en aquel ecosistema. Había que elegir las que el abridor no había doblado y mantenían su forma original casi intacta. Luego había que buscar un trozo de cristal, o romper uno, para que nos vamos a engañar, y limar un trozo pequeño contra el adoquín de la calle o un muro de piedra hasta darle la forma circular que permitiera su encaje en la chapa. Si te cortabas, bastaba chuparse el dedo para curarlo. La saliva era nuestro mejor antibiótico. Hecha la operación y comprobado el ajuste de las dos piezas, quedaba solo lo más importante: recortar del cromo la cara del futbolista o del ciclista para encajarlo entre el metal y el cristal. La humilde chapa rescatada de la basura adquiría entonces vida propia y una categoría muy superior incluso a la que le había otorgado su función original. Ya no era un simple tapón que contenía las burbujas del Kas o de la Mirinda; se acababa de convertir nada menos que en Iribar o en Gabika. Con ella en el bolsillo no hacía falta tele ni radio. Sólo un bocadillo de pan con chocolate para alimentar los sueños del niño que pintaba en el suelo un campo de fútbol o una etapa montañosa del Tour, llena de curvas, con una tiza previamente 'levantada' de la pizarra de la escuela.
Los niños de ahora no tendrán que hacer nada de eso para jugar a un juego del que ni siquiera saben cuál es su origen. Jugarán apretando botoncitos en el salón de su casa, como si el juego fuera un objetivo en sí mismo. Nunca entenderán que más importante que el juego fue en su día su construcción, el trabajo previo, el quedar con los amigos para ir a recolectar chapas, encontrar un cristal, o romperlo, pasar la tarde limándolo...Llevaba días todo aquello antes de que los niños de entonces pudieran ponerse a jugar, y ello si no venía antes un mayor y arramplaba con el trabajo que habían hecho, que entonces no había bullying sino chaval dame eso que te parto la cara.
Han inventado el fútbol-chapas virtual. Me veo a mi mismo como mi abuelo preguntándome, pero ¿a dónde hemos llegado?.

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5 comentarios:

M i K e L dijo...

Yo al fútbol chapas casi nada pero a lo de las carreras sí. Recuerdo que las mejores chapas eran las de Cinzano, que tenían mucha pintura y por lo tanto se desplazaban perfecta y suavemente. Nos pasábamos horas en la calle y volvíamos negros de aceite de camión o de coche (mi calle estaba repleta de talleres de reparación), y pocas veces enfermábamos. Ni alergias, ni asmas, ni casi vacunas y no nos hemos muerto de ninguno de esos bichos que nos tocaron en suerte con tanta mugre. Parecemos el abuelo Cebolleta.

Iñaki Murua dijo...

No es por ser aguafiestas, pero...

Y en el concurso de una buena idea para Aste Nagusia de Moskotarrak, este año la propuesta iba en esa línea.

Vamos, que podemos ir entrenando.

Gontzal dijo...

Cuando leo este tipo de cosas me doy cuenta que pertenezco a una generación que va a estar mucho más cerca de nuestros padres que nuestros hijos. Juegos, aficiones, canciones, tradiciones, poteo... todo ello en una sociedad demasiado globalizada. Jodé, con lo entretenido que era "tunear" las chapas (coincido en que las de Cinzano eran las más chulas y mejores, aunque pareciesen del Barça de Maradona y Schuster ¡lagarto, lagarto!) o jugar a la trompa, pintarla, ponerle chinchetas... ¿sabrán los niños de ahora lo que es una trompa?

Juan Carlos Latxaga dijo...

Jo Iñaki, me has adelantado por la izquierda.Yo me enterado de la existencia del jueguecito ahora que lo están anunciando por la tele. En Aste Nagusia ¿qué modalidad vais a adoptar, la clásica o la tecnológica?
Mikel ¿ni con las chapas jugabas al fútbol?. Lo tuyo es militancia desde pequeño.
Efectivamente, Gontzal, creo que estamos más cerca de nuestros padres que de nuestros hijos quizá porque el salto que hemos dado en los últimos treinta años ha sido cosmico mientras que antes nos limitabamos a evolucionar a un ritmo más terrenal. ¿Trompa dices?. Lo más probable es que sólo conozcan la acepción que define las consecuencias del botellón.

Iñaki Murua dijo...

La propuesta era en la modalidad digital, o sea, con los dedos. Y la idea original era en plan "bilbaino", en la Plaza Nueva, por etapas... Si se hace creo que será de modo más modesto y os invitaremos a participar, por supuesto ;-)