


Confieso que habitualmente soy escéptico con las alertas, las alarmas y los códigos de colorines con que nuestras autoridades nos advierten, vía protección civil, cada vez que se anuncia un fenómeno meteorológico poco habitual. No pocas veces he hecho bromas con esos consejos que nos advierten de lo bueno que es caminar por la sombra en verano (y beber mucha agua), y proveernos de ropa de abrigo cuando vamos a la nieve. Creo que con más frecuencia de la debida, los servicios de protección civil, por aquello de curarse en salud, se exceden en sus alarmas, y que eso puede provocar el efecto perverso del cuento del pastor mentiroso y el lobo. Cuando el viernes anunciaban el cierre al tráfico de algunas playas y zonas de litoral ante la llegada de vientos huracanados volví a tener esa impresión de exageración interesada.
Pero en esta ocasión no tengo más remedio que retractarme. Las predicciones se han cumplido con exactitud, en tiempo e intensidad, y las consecuencias saltan a la vista. En esta ocasión, me apunto a colgar una medalla en el pecho de quienes tanto nos alarmaron y alertaron porque, probablemente, gracias a su desempeño hemos salido de la tormenta sin lamentar desgracias personales y con los únicos rasguños de algunos destrozos materiales.
Ah, y además hemos aprendido una cosa nueva: hay un fenómeno meteorólogico que se llama ciclogénesis explosiva. Si alguien le habla en el futuro de ello, póngase a cubierto; se trata de un ventarrón muy parecido a un huracán que te puede levantar del suelo.
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1 comentarios:
Pues aquí otro escéptico que ha tenido que tragarse sus palabras. Esta vez tengo que reconocer que me han demostrado que las alarmas y alertas pueden valer.
Sobre la primera foto contar que el único habitante que pernoctaba en esa casa ni se enteró de que el viento había arrancado el mirador, ¡tuvieron que llamarle por teléfono!
Y la vecina del piso superior (su tía, porque es una casa familiar toda ella) me contó que al final decidió dedicarse ella a sacar fotos a los que le sacaban fotos a la fachada porque le hacía gracia la cantidad de gente que se apilaba para inmortalizar la escena...
¡Curiosidades de la Ciclogénesis!
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