miércoles 22 de abril de 2009

Los métodos de la CIA



Barack Obama ha dado garantías a los miembros de la CIA de que no serán juzgados ni publicadas sus identidades, por las torturas que han podido practicar sobre diversos detenidos (preferentemente sospechosos de pertenecer a Al Quaeda y similares) en las cárceles secretas que la Agencia ha venido manteniendo a lo largo y ancho de todo el mundo, con la complicidad de varios gobiernos. El presidente de los EE.UU. ha adoptado esta decisión con el argumento de que los agentes no hacían otra cosa que cumplir órdenes al amparo de una normativa que especificaba con más o menos detalle dónde acaba un interrogatorio duro y dónde empieza la tortura. Una versión de la obediencia debida que con tanto éxito manejaron los abogados defensores de los guardias civiles que asaltaron el Congreso el 23-F.
Richard Cheney escribió, u ordenó escribir en su día, para su jefe Bush una especie de manual, para que el Congreso lo aprobara, legitimando así el procedimiento. Si el Congreso de los EE.UU. delimita dónde empieza la tortura, basta con no cruzar el umbral para seguir permaneciendo en el lado bueno de la ley. No es mala idea.
El manual describía con detalle métodos que cualquier persona normal consideraría tortura, pero no así los jueces norteamericanos, obligados a recurrir al texto que dice qué es y qué no, tortura. El truco consistía muchas veces en el empleo de circunloquios y en un uso torticero del lenguaje. Parece tortura, pero no lo es, venían a decir. Que un detenido sufra una sensación de ahogamiento, no quiere decir exactamente que se le esté asfixiando. Una cosa es lo que a él le parezca y otra la realidad. Que se le estampe contra una pared falsa para que el golpe suene como si se le rompiera todo el esqueleto, es sólo un truco para asustarle, en ningún caso nadie pretendía romperle nada. A un detenido, del que sabían su pavor a los insectos, le amenazaron con meterle en una caja con orugas venenosas. Una broma inocente. En realidad usarían orugas inofensivas que, como mucho, pueden causar repugnancia. Una cosa es que el detenido crea que le están torturando y otra que se le torture de verdad. Todo un hallazgo que distingue a unos interrogadores perfectamente homologables con la democracia, de sus discípulos en el Cono Sur, léase Argentina, Chile, Uruguay o Paraguay, donde policías, parapolicías y cuerpos militares torturaban a lo bestia en lugar de limitarse a aparentar que torturaban. Se ve que los manuales de contrainsurgencia de la CIA han mejorado ostensiblemente.
Pero como no todos los ciudadanos americanos son agentes de la CIA, ni comparten la ideología de Bush, hay personas como el periodista Chirstopher Hitchens que han preferido probar en sus propias carnes lo que las fuerzas que velan por su seguridad han ensayado con otros ciudadanos para después contarlo en la publicación para la que trabajan, en este caso, Vanity Fair. Cualquier parecido de este periodismo, con el periodismo de investigación que se practica por estos pagos es, obviamente, pura coincidencia.
Hitchens se sometió voluntariamente a la tortura conocida como "waterboarding" para probar si, efectivamente, se trata de una tortura en la que el detenido sufre efectivamente un ahogamiento o se trata tan solo de un inocente simulacro y finalmente el presunto ahogamiento obedece a imaginaciones suyas, que hay detenidos que no saben aguantar una broma y denuncian por denunciar. El vídeo de aquí arriba permite que cada uno se haga una opinión al respecto

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3 comentarios:

Gontzal dijo...

Ostras, acongojante, esta es la definición pura de periodismo de investigación y de escribir artículos con fuentes fidedignas.

Cuánto queda por hacer en la lucha contra la tortura y cuánto de maquillaje e intentos de lavado de imagen existen.

No hay interés en erradicarlo.

Juan Carlos Latxaga dijo...

No me negarás que el truco de los Bush boys de definir exactamente qué es una tortura y qué una simple burrada, no es ingenioso.Mucho más que lo de inventarse gente que se tira por la ventana o que se autolesiona a todas horas, sólo por el placer de hacer una denuncia falsa

Gontzal dijo...

Si se le llega a ocurrir a Galindo por los cataplines hubiese dado con sus huesos en la cárcel...

Pero en Spain les faltó invertir en I+D+I en el asunto de torturas.