sábado 30 de mayo de 2009

Celáa no es la única que no estuvo en el Ibilaldia

La anunciada ausencia de la Consejera de Educación del Gobierno vasco, Isabel Celáa, en el Ibilaldia de Galdakao ha puesto en pie de guerra al nacionalismo, mucho más airado que los propios organizadores del evento, que ha encontrado otra vía de ataque a un Ejecutivo que, ciertamente, está dando la impresión de estar bastante despistado en estos primeros días de aterrizaje. La metedura de pata con la web creada y anulada en horas, la misteriosa desaparición de Konpondu de la web oficial euskadi.net, los no pocos familiares de cargos socialistas que están encontrando acomodo en la administración y, ya fuera del estricto ámbito socialista, la ausencia de la presidenta del Parlamento en la Casa de Juntas para honrar a las víctimas del bombardeo de Gernika, son argumentos que cargan las baterías nacionalistas con munición de grueso calibre.
Isabel Celáa argumentó que no podría acudir a Galdakao porque tenía comprometida su asistencia a la Fiesta de la Rosa de su partido, que se celebraba el mismo día en Barakaldo. La argumentación es de un paupérrimo que tira de espaldas, impropia de una mujer cuya inteligencia no está en cuestión. A estas alturas del siglo, cuando cualquier político en campaña da tres mítines el mismo día en Orense, Fuenlabrada y Carrión de los Infantes, insulta al sentido común aducir que no puede estar en Barakaldo y en Galdakao una misma mañana. Y ni siquiera le haría falta usar el Falcon de Zapatero para culminar la hazaña. Le bastaría con Eusko Trenbideak y el metro. Unos dos euros y cuarenta y cinco minutos, por redondear.
No es descartable que a la hora de elegir, haya pesado en el ánimo de Celáa la posibilidad, nada inverosímil, de encontrarse en Galdakano con distinguidos miembros del club de la pancarta, constituidos en comité de bienvenida. Si el mismo Ibarretxe tuvo que soportar en no pocas ocasiones el recibimiento de tales personajes, qué decir tratándose de un miembro del PSE. En cualquier caso, no es motivo suficiente. Soportar a los del club de la pancarta va incluido en el sueldo de los cargos políticos.
Tampoco merece la pena reflexionar sobre el papel institucional que debe ejercer Isabel Celáa como consejera del Gobierno vasco y como afiliada al PSE. Se supone que ya tiene que tener interiorizada la dicotomía, puesto que no es ésta la primera vez que ocupa cargo en el departamento de Educación.
Quizá habría que preguntarse, sin embargo, a cuántos Ibilaldia ha acudido Celáa a lo largo de su vida en su mera condición de ciudadana de Euskadi. Y quien dice Celáa, dice cualquier miembro de su partido o del partido que sirve de soporte a su Gobierno. Nadie olvida que no fueron pocos los socialistas que estuvieron en la primera hora de la fundación de bastantes ikastolas, pero aquel convencimiento no tuvo continuidad; explicar su evolución y la de las ikastolas, daría para un libro, así que me abstengo y delego en personas con más profundos conocimientos en la materia.
Sin embargo ese es el quid de la cuestión. No hubo socialistas ni populares en el Herri Urrats, ni en Korrika, como no los ha habido en Ibilaldia, ni los habrá en el Kilometroak o en el Nafarroa Oinez. Y como tampoco suelen destacar por su presencia en la fiesta de la escuela pública vasca.
Podrán aducir que su compromiso con el euskera se materializa en otros foros y en otras órbitas, y creo sinceramente que Celáa no está a prueba en este sentido. Pero permítanme que dude de este compromiso en términos generales. Cuando desde ciertos sectores hablan del euskera como un patrimonio de todos los vascos, no puedo evitar que su discurso me suene hueco. No vale acusar a los otros de apropiarse de símbolos e idioma cuando uno mismo hace dejación, cuando no desprecio, de esos símbolos y de ese idioma. No basta declararse vasquista; hay que serlo día a día, ocupando incluso los espacios culturales y sociales que le son propios a esa manera de ser y estar en la vida. Eso también es, o debería ser, la transversalidad tan pregonada y tan poco practicada.
Isabel Celáa no fue la única que faltó en el Ibilaldia. En Galdakao no estuvieron todos aquellos que el resto del año dicen reconocer el euskera como lengua propia, pero encienden la radio para ver los partidos por ETB; los que creen que los médicos buenos sólo hablan castellano; los que no entienden las razones por las que los funcionarios están obligados a saber euskera; los que quieren que sus hijos estudien inglés en lugar de una de las lenguas oficiales del país. Los que aman tanto el euskera que preferirían tenerlo guardado en una urna. De los nietos de los que prohibieron el euskera, mejor ni hablamos.

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2 comentarios:

M i K e L dijo...

Y alguno no vamos al Ibilaldia, ni a las correspondientes de Gipuzkoa o Araba porque ya está bien de hacerles el caldo gordo a las ikastolas PRIVADAS, que eso es lo que son, y que con los pingües beneficios que sacan (hoy uno decía en la tele que lo venden TODO), se cascarán un polideportivo que te pasas mientras la escuela pública de al lado tiene un gimnasio tercer mundista. Y ahora me apelarás a la tradición, al genial modelo de cooperativa que iniciaron las ikastolas y alguna que otra pamema más. Si quieren ser privadas, que lo sean, sin ayuditas.

Por cierto, a mí también me parece mal que no haya ido, porque es la consejera de ese modelo de educación, aunque le pese que no le pesa.

Juan Carlos Latxaga dijo...

No sé hasta que punto es exacto eso que dices Mikel. Conozco en carnes propias ambos modelos, ikastola privada - instituto público, y material, medios e instalaciones son mejores, bastante mejores, en el segundo que en la primera, al menos en los casos que conozco de primera mano. Las ikastolas privadas de las que hablas no son precisamente las que necesitan hacer ibilaldis ni nada por el estilo.