miércoles, 22 de julio de 2009

Berrogei urte eta gero hau

Berrogei urte eta gero hau!, proclamaba el eslogan de aquella Euskadiko Ezkerra en la que confluían EIA y EMK, y en la que hacían sus primeras armas políticas terroristas recién licenciados del servicio a las armas, revolucionarios de diversa condición y gentes en general barbudas y mal encaradas que cuarenta años después, tras un restyling que incluye el afeitado y la ropa de marca, han devenido en devotos constitucionalistas y fieles defensores del orden establecido. Aquella frase venía a resumir a partes iguales el desencanto y la alarma que producían los primeros movimientos de Suárez para que todo aquello que había quedado atado y bien atado, no fuera a soltarse de buenas a primeras. El Rey de los españoles podría hacer suyo el eslogan ahora. Casualidades de la vida, el 40 aniversario de ser señalado por el dedo de Franco para sucederle, ha venido a coincidir con el rechazo del juez Pedraz a admitir a trámite la querella presentada por la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DANAES), contra los que, según ellos, organizaron la pitada al rey en la final de la Copa del ídem que se jugó hace un par de meses en Valencia. Dice Pedraz que tanto los pitos, como las pancartas no pueden ser constitutivos de delito y están amparadas en la libertad de expresión.
Algo hemos avanzado en estos cuarenta años, de eso no hay duda. Pitar a la autoridad entonces, era un ejercicio que uno trataba hasta de borrar de su imaginación no fuera que alguien se diera cuenta y te la liara. Pecar de pensamiento se decía en la versión religiosa. Yo no he hecho nada, te defendías; pero seguro que lo has pensado, te acusaba el gris mientras te hacía comerte la pegatina que llevabas en la solapa (en esto también parece que hemos avanzado; ahora no te la hacen comer, de momento).
Cuarenta años después de que Franco digitalizara al rey de los españoles, un juez nos ha dicho que le podemos pitar, e incluso colocar bajo sus egregias narices una pancarta con el lema Good bye Spain. Claro que cuarenta años después, también siguen entre nosotros gentes como Santiago Abascal (conspicuo militante y cargo del PP) y sus chicos de DANAES, dispuestos a salvar a la patria y al rey de los muchos enemigos que les amenazan (mayormente, masones y rojoseparatistas), lo que anima a algunos (malpensados siempre los hay) a dudar de las excelencias de los cambios experimentados en estos cuarenta últimos años.
Por cierto un vistazo a la prensa del día certifica el carácter cuasi universal de la amnesia selectiva que caracteriza a nuestros mass media (sólo Público y Deia se han acordado). Ni una línea, ni un segundo, dedica el resto al aniversario del magno acontecimiento que, no lo olvidemos, según la hagiografía oficial, supuso el advenimiento de la democracia a este país. Se ve que todavía no han vuelto de la luna.

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3 comentarios:

Gontzal dijo...

Santiago Abascal, que nació cuando ese régimen de cuarenta años declinaba, se ve que ha heredado vía paterno-filial el españolismo más rancio, ese que se junta para crear fundaciones de defensa de no sé qué con las manos limpias.

Y lo de comerse la pegatina kontuz, que ya empezamos a detener a gente por llevar pegatas en favor de los presos o a pedir er deni -quien sabe si también el bocata- en la cima de los montes...

Me da que el sábado en La Galea habemus lío.

Paul dijo...

Juer Gontzal, espero que el sábado tengamos unas Paellas tranquilas. De todos modos, me parece el colmo que periódicos como El Mundo ilustren el tema de los carteles y las pegatinas con una bandera de "Euskal Presoak Euskal Herrira", que es una reivindicación de poner fin a la dispersión, sin más.

Juan Carlos Latxaga dijo...

Espero que no pase nada el sábado, pero la cosa pinta a que éste va a ser el culebrón del verano. Hay mucho de imagen y propaganda en esta iniciativa de Ares. Ayer mismo, en un pueblo de Bizkaia, en el mismo sitio y a la misma hora de siempre, un grupo de familiares estaban reunidos tranquilamente mostrando las fotos de sus allegados. Como siempre desde hace un montón de años. Y como siempre, no observé entre los muchos ciudadanos que pasaban por allí en aquel momento ningún síntoma de inquietud, humillación, indignación ni nada de lo que aduce el consejero. Esta es una realidad como muchas otras de este país, y ocultarla no ayudará a la solución.