viernes, 17 de julio de 2009

Fatalidad

Dos tragedias con bebés como protagonistas. Dos errores inexplicables. Una profesional que se equivoca en algo que a los profanos nos parece elemental. Una madre que se olvida a su hijo en el coche y no se acuerda de él hasta que lo encuentra muerto. Nadie lo entiende. Los profesionales defienden a su colega y amenazan con acudir a la justicia para reparar lo que ellos consideran un ataque injustificado e injusto. Los psicólogos no aciertan a adivinar qué puede estar pasando por la mente de una madre que olvida a su hijo. Piensan que la teoría del stress es demasiado simplista, que esa palabra hace las veces de alfombra bajo la que se esconde el polvo.
Tienen razón los que recuerdan que cada día, ahora mismo, miles de personas, bebés incluídos, reciben un tratamiento seguro en las unidades de cuidados intensivos; que lo del bebé Rayan ha sido una fatal casualidad, algo que ocurre muy de vez en cuando, pero ocurre. También tienen razón los que apelan a la privatización progresiva de la Sanidad madrileña, quienes hablan de turnos caóticos, de contratos basura, de inexperiencia en puestos especialmente delicados, del ahorro económico como bien superior por encima de cualquier otro bien, incluida nuestra propia seguridad. Algo de todo eso ha habido en la sección de neonatología del Gregorio Marañón de Madrid. Detectar en qué medida ha actuado cada parte para desencadenar la tragedia no servirá de consuelo a los familiares del bebé muerto, pero al menos servirá para eso que llaman depurar responsabilidades. ¿O tampoco?
Pero ¿qué responsabilidades hay que depurar en el caso del bebé muerto en un coche en Getxo?. Otra vez la casualidades; la prisa, el stress, un incidente de tráfico que desata los nervios de la madre conductora que comprueba que corren los minutos y el coche sigue parado en el atasco. ¿Qué pasa por la mente de una madre para que se olvide de su propio hijo?. Y ¿qué pasará por su mente a partir de ahora cada minuto del resto de su vida?. ¿Qué nos está pasando para que estas cosas ocurran?

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9 comentarios:

el jukebox dijo...

Pues no sé qué nos estará pasando. ¿Habrán sucedido siempre cosas de este tipo? Quién sabe.
Pero lo que sí es verdad es que damos por supuesto que todo va bien y que mañana seguirá igual, pero en un segundo todo se puede ir al traste y para siempre. En las Cartas al Director del DV, se publica hoy un escrito que una enfermera dirige a su compañera en el Gregorio Marañón, digno de ser leído.

Juan Carlos Latxaga dijo...

¿Puedes pasarme el enlace de la carta?,

el jukebox dijo...

Parece ser que los contenidos de opinión no se cuelgan en diariovasco.com, así que la pego aquí (espero que quede más o menos bien):

Carta a la enfermera del Gregorio Marañón
Eres el agente último del terrible error que ha causado la muerte de Rayan. Y no logro olvidarte.
Tienes 23 años. Yo, 58.Y también soy enfermera. Me gustaría que estas líneas llegaran hasta tí y acompañarte.
Quiero decirte que se depurarán responsabilidades. Se estudiará cada detalle del proceso que desembocó en lo que nunca debió suceder. La cruel tragedia para Rayan y su familia, para tí, para tantos.
Conozco bien la profesión: el estrés de la responsabilidad sumado a la falta de tiempo, al cansancio de las horas en vela. Dejar las preocupaciones personales fuera y poder así atender a cada paciente como si fuera el único de... ¿cuántos? ¿15? ¿30?
No pretendo exculpar. Sólo intentar poner un poco de sosiego en tu destrozo interior. Porque sinceramente creo que algo tuvo que fallar en el sistema que permitió que tú, último brazo ejecutor, fallaras también.
Nunca lo olvidarás, pero desde aquí, con todo mi corazón te deseo que algún día puedas perdonarte por algo de lo que probablemente no fuiste la única responsable. No olvides esto tampoco.
Llevarás poco años ejerciendo, y estoy segura de que lo habrás hecho con la alegría, entrega y profesionalidad que nos caracteriza como gremio, tan poco valorado en general. Somos casi invisibles para el mundo... excepto para tantas y tantas personas a las que atendemos a diario.
Perdónate cuanto antes. Recupera tu valor y tu valía. Rescata de entre tanta herida, dolor, confusión y culpa, aquellos motivos que te impulsaron a hacerte enfermera, tus logros profesionales también, y vuelve pronto al trabajo. Los pacientes y nosotras, tus compañeras seguimos necesitándote ahora más que nunca. Porque en unos días has crecido lo que otras personas no consiguen en toda su vida. Y aún tienes muchos años por delante para dar de tí lo mejor, como has hecho siempre. Y para enseñarnos a vivir y a trabajar a pesar de todo.
Desde aquí, te mando un abrazo.
Cristina Cayuela Gorosabel
Enfermera col. 3.674

Gontzal dijo...

Para juzgar lo de Rayan creo que me faltan datos y me sobra opinión. A esa mujer profesionalmente no la rehabilita ya nadie, pero todo apunta a lo que dices, privatización salvaje, stress, presión constante para hacer rápido y sin la debida atención un trabajo concebido para hacerse con paciencia, falta de experiencia y un fallo humano, que ha existido y no se puede negar.

Lo de Getxo me ha dejado desde ayer con los pelos de punta. No dejo de pensar en esa madre, en ese padre... en qué puede pasar por la cabeza de alguien para olvidarse 5 horas a su hijo en un coche.

Viendo el nivel de stress, exigencia y presión de mi trabajo, viendo los problemas de las madres y padres para la famosa conciliación de vida laboral y personal en época estival con los críos de vacaciones... ¿qué sociedad de locos estamos creando?

Por cierto, si me permites, añado la sextuple violación de la cría cordobesa de 13 años al debate, ¡puuff! Estamos locos.

Juan Carlos Latxaga dijo...

Gracias Juke. Efectivamente, El Diario Vasco no tiene sección de opinión en su edición de internet. Y sí, la carta merece la pena. Está escrita más desde la solidaridad que desde el corporativismo.
Gontzal, lo de la niña cordobesa lo tenía en mente, pero creo que eso entra directamente en el terreno de la psiquiatría, así para empezar. Y lo de la conciliación laboral y el verano... pues ayer mismo me tocó ser testigo directo del trajín diario que se traen algunos padres y madres para aparcar a sus criaturas en vacaciones mientras ellos siguen trabajando. Demencial puede ser una bonita palabra para describirlo. Este asunto de los horarios y las vacaciones sí que es nuestra eterna revolución pendiente

el jukebox dijo...

De nada. Hubo un tiempo en el que se suponía que el progreso permitiría dedicar menos horas al trabajo cada día. ¡Qué candidez la nuestra, por favor!

Tristeza dijo...

Creo que el título lo dice muy bien «Fatalidad». En el caso del bebe de Getxo tuvo que coincidir con uno de los días (exactamente la mañana) más calurosos del año y a eso le llamo yo fatalidad.
Probablemente si hubiera ocurrido el viernes (19º y nublado) no hubiera terminado como lo hizo y yo desde luego no puedo pensar que a esa madre eso le haya pasado más veces.
En cuanto a lo del nivel de stress totalmente de acuerdo en que es de locos la vida que llevan o pretenden llevar algunos pero no parece que la gente esté dispuesta a renunciar a ello para vivir un poco mejor porque está claro que con menos se puede vivir mejor.

Juan Carlos Latxaga dijo...

Bienvenida Tristeza (parece el título de una canción de Sabina). Efectivamente, el ritmo de vida que nos han-hemos impuesto, nos devora y no parece que haya síntomas de que nadie se haya puesto a pensar en la forma de decir basta. Tener se ha convertido en algo mucho más importante que ser. Y así nos va...

Anónimo dijo...

No me gustaría estar en el lugar de esa madre. Lo que tiene que sentir el resto de su vida tiene que ser de un dolor insoportable.No me creo nadie , ni creo que exista la persona capaz de criticar a esta madre.

ANÓNIMO PESIMISTA