Decía hace un par de días Oriol Pujol, uno de los hijos del honorable, que la "pena de telediario" no está en el Código Penal. Se refería a las imágenes de los encausados en el último escándalo de corrupción en Catalunya, entrando al juzgado esposados y llevando sus pertenencias en unas bolsas de basura. Siendo como son todavía presuntos y no condenados, no le falta razón al joven Pujol al apuntar que ya están cumpliendo una condena sin haber sido juzgados: la de su sometimiento al escarnio público. El juez responsable del asunto ya ha recibido una advertencia de sus superiores, pero no parece que eso vaya a influir demasiado en el comportamiento de sus colegas.
Ahí está, sin ir más lejos, el espectáculo que se montó el primer día del juicio contra el presunto asesino de Nagore Laffage en Iruñea. Hasta el lunes, el rostro de José Diego Yllanes había permanecido oculto al escrutinio público y su identidad escasamente divulgada. Pero el primer día de la vista pública las cámaras y la voluntad de los responsables del juicio, le convirtieron en una estrella mediática. A través de la televisión pudimos no solo ver la cara del presunto asesino, sino verle en la reconstrucción de los hechos y en su camino hacia al casa donde cometió el asesinato, además de escuchar sus dubitativas explicaciones a la Policía. Todo ello aderezado con la voz de la propia víctima llamando a un teléfono de asistencia, o la de quienes finalmente encontraron el cadáver en el monte. Con todo lujo de detalles. Un espectáculo en toda regla que no sé si tendrá continuación en las sesiones que todavía restan.
Desconozco el efecto que habrá podido causar a los familiares de Nagore Laffage una reconstrucción tan detallada de los horribles últimos momentos de vida de su hija, ni qué se pretende dando publicidad a detalles tan escabrosos. Que se manejen en el juicio, como pruebas de cargo o periciales, va con el propio desarrollo del acto judicial. Que se retransmitan para el público en general es otra cosa. Habrá que ver ahora, qué uso hacen de esas imágenes y esos audios, tantos programas que viven del morbo, pero en este caso será más difícil reprocharles nada; el material se lo han servido en bandeja quienes tenían la obligación de tratarlo como lo que es: material altamente sensible. Y no vale aquí apelar a que la Justicia, para serlo, debe ser pública. La medida de lo público también es acotable.
Casualidad o no, estos días hemos asistido a la exhibición pública de imágenes impactantes procedentes de los juzgados. En Italia justificaron en la necesidad de pedir colaboración ciudadana, la emisión de la secuencia de un asesinato de la Camorra en plena vía pública. La casi inmediata detención del presunto asesino tras una delación anónima, podría justificar las imágenes aunque también aquí cabría matizar y hacer algunas preguntas porque es comprensible que la emisión de las imágenes tenga eficacia en Nápoles, donde algún espectador podría reconocer al pistolero por una mera razón de vecindad, pero es difícilmente justificable la misma emisión en un canal español, salvo que esa justificación se busque precisamente en el hecho noticiable de su emisión en Italia, o sea, miren ustedes lo que están dando en la televisión italiana, etc, etc.
También merecería una cierta reflexión lo que está ocurriendo con el pirata somalí traído a Madrid por Garzón, con ánimo de exhibirlo como captura que demuestra la eficacia de los cazadores, y su periplo médico para descifrar si cabe achacarle responsabilidad penal a partir del establecimiento de su edad.
Y cómo no, caben todas las reflexiones sobre las retransmisiones cuasi en directo de las detenciones de presuntos relacionados con ETA o con la izquierda abertzale, con profusión de detalles, filiaciones e historiales policiales absolutamente al margen de sentencias o establecimiento de responsabilidades penales. Hasta tal punto ha llegado la cosa que la Policía francesa se ha quejado de que tanta presencia de cámaras y periodistas puede hacer peligrar el desarrollo de algunas operaciones.
Una última reflexión: de los que no sabemos cómo se llaman ni les hemos visto las caras, son los falangistas detenidos la semana pasada. ¿A qué obedece tanta discreción en este caso?.
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Dice Caparrós que ahora sí que sí. Que con cuarenta puntos, a tres del
Sevilla, a ver quién es el guapo que le dice que el Athletic no puede luchar
por ent...
Hace 2 días
1 comentarios:
Y el espectáculo que se sigue montando día a día... ¿Por qué se retrasmite el juicio de Nagore y otros no?? ¿Hay algún interés político?. En un año mueren en España más de 60 mujeres a causa de la violencia de género (caso aparte de los demás asesinatos) y a día de hoy el único juicio que se ha mostrado es éste.¿Casualidad?
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