Alfred Hitchcock debió ser vasco. El desenlace de las elecciones, con el escaño del PSE bailando entre su casillero y el de EA en el último minuto, justo cuando Urkullu se dirigía a los militantes del PNV ante las cámaras de ETB, fue digno del mejor suspense; sólo lo hubiera mejorado si en aquel momento la tele hubiera estado conectando con la sede socialista. El panorama postelectoral estaba complicado, pero ahora lo está mucho más. Así somos los vascos. Puestos a dar vueltas de tuerca a la política, somos únicos. Yo no renuncio a nada en las semanas que faltan hasta la sesión de investidura y, si se me apura, no descartaría un golpe de efecto en el último minuto; qué se yo, que alguna de sus señorías se duerma y no llegue a tiempo a la votación. De hecho, ya ha pasado.
La noche electoral, corta afortunadamente, por mucho que el tópico impulsara a unos y a otros a referirse constantemente a la larga noche electoral o afirmar que todavía queda mucho, cuando apenas restaban diez minutos para que se completara el recuento, dejó bastantes imágenes para el recuerdo y para el análisis pero, sobre todo, una banda sonora que se repitió en dos sedes. Ari, ari ari, fulanito lehendakari. Sustituya el lector a fulanito por el nombre se su favorito: Ibarretxe o Patxi López. El primero ganó las elecciones y con mucha más holgura que el 'empate técnico' que auguraban las encuestas y proclamaban los analistas. Seis (o cinco) escaños, ochenta mil votos y casi ocho puntos porcentuales sobre López constituyen una distancia considerable. Pero López cuenta con la suma de los suficientes escaños para obtener la mayoría absoluta. Cosas de la artimética parlamentaria, el reparto de escaños y la Ley de Partidos que dejó fuera a cien mil votantes que hubieran recogido siete escaños. Afirmar por lo tanto que en el Parlamento vasco hay una mayoría no nacionalista es tan verdad como sostener que su composición no refleja el sentir de la sociedad vasca.
Hecha la salvedad, de la noche electoral me quedo con algunas imágenes y sonidos:
Urkullu tomando el protagonismo de la valoración del PNV con Ibarretxe en segundo plano, e Ibarretxe, emocionado hasta rozar la pérdida de autocontrol, anunciando que será 'el partido' quien tome la iniciativa negociadora.
López, sin la ikurriña que ha lucido de forma perenne durante toda la campaña en la solapa de la chaqueta, acompañado por su esposa y sufriendo apreturas perfectamente prescindibles para llegar al atril. Imagen y marketing electoral incluso cuando las urnas ya llevaban varias horas cerradas. Dijo que se siente legitimado para ser lehendakari. Es una sensación subjetiva. Alcanzar la lehendakaritza con los votos del PP y Rosa Díez es legítimo y hasta ético, pero poco estético. No casa mucho con la promesa de una Euskadi transversal y, en cambio, suena bastante a frente nacional, aunque esa sea también una sensación subjetiva. Es curioso que el PP y el PSOE, tan enfrentados en todos los ámbitos, se pongan de acuerdo para gobernar en Euskadi, Euzkadi, la CAV y en Navarra, o sea, en Euskal Herria.
Antonio Basagoiti, feliz porque el PP 'ha ganado a las encuestas'. No es mucho ganar, la verdad. De hecho, ha perdido dos escaños, pero estaba feliz porque su partido será 'decisivo' por primera vez. Su bajada en votos coincide bastante con el incremento del PSE y la irrupción de UPD
Aintzane Ezenarro eufórica reclamando para Aralar la condición de nueva izquierda abertzale en un discurso íntegro en euskera, el único de la noche televisada, además de los apuntes bilingües de Urkullu e Ibarretxe. Lo mejor, cuando ETB ya cortaba la conexión con la sede de Aralar, la voz en off de Patxi Zabaleta dirigiéndose al personal con un 'adiskideok' que sonó a obispo a punto de iniciar un sermón.
Trágico Unai Ziarreta, culpando a los medios de comunicación públicos en general y a sus tertulianos en particular, del batacazo de EA, que él mismo definió como fracaso electoral antes de anunciar su dimisión como secretario general. También reprochó a la sociedad el no haber entendido el mensaje de EA. Era tan confuso ese mensaje, que Ziarreta haría bien en preguntarse en qué estaban pensando él y su ejecutiva cuando decidieron abandonar la coalición con el PNV y planificaron su campaña.
Lloroso Madrazo, que también repartió culpas, esta vez a la polarización de la campaña, para explicar su fracaso. Tampoco explicó cómo se consigue ser gobierno y oposición a la vez sin volver locos a sus votantes. Claro que, de haberlo sabido, no se vería como ahora se ve.
Rosa Díez, pletórica y fashion, encantada de haberse conocido y presumiendo de ser la ¡cuarta! fuerza electoral en Galicia. ¿Es que hay alguna más además del PP, PSG y Bloque?. El escaño que obtuvo en Alava recuerda los tiempos en los que Mosquera sumaba parlamentarios al frente de un partido cuyo corpus ideológico era una colección de chistes de bilbaínos que publicaba en la edición alavesa de un periódico que se edita en Bilbao, y su programa electoral se resumía en impedir que el agua de los embalses alaveses surtiera los grifos bilbaínos.
Itziar Aizpurua dándole un mitin a la estupefacta reportera de ETB y afeándole la conducta a Aralar por ganar cuatro escaños. Esos votos, vino a decir Aizpurua, son de la izquiera abertzale de toda la vida, o sea nuestros, y se los quitaremos a Aralar cuando sea preciso. Sonó tan antiguo que parecía de otra época. No han faltado voces dentro de esa izquierda abertzale 'de toda la vida' que reclaman un análisis y un discurso más profundos que un mitin de la década de los setenta.
La noche fue breve y divertida, también por los equilibrios de los expertos convocados por la televisión para analizar sobre la marcha unos resultados tan complejos y cambiantes. De lo único que nos conseguimos enterar fue de qué pie cojean cada uno de dichos expertos. Tampoco era tan difícil porque hace tiempo que conocemos a la mayoría de ellos.
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