En innumerables ocasiones y desde diversos ámbitos se nos ha acusado a los vascos de formar una sociedad enferma. Alguno incluso nos calificó de inmaduros cuando las urnas reflejaron un resultado que no era el que esperaba. Siempre ha habido barra libre para el insulto, la descalificación y el menosprecio. Es otro de los daños colaterales del terrorimo, éste de no poder responder a ciertas acusaciones so pena de ser presentado como cómplice de los terroristas. Los mismos que observaban a los vascos con una mirada entre el asco y la conmiseración, han tardado un minuto en concluir que la presunta bajada de las cifras del turismo en Donostia y en Gipuzkoa obedece al hecho de que están gobernados por Bildu. Se cargan de razón en su argumento, recordando, además, que han sido los turistas procedentes del resto de los territorios del Estado los que han dado la espalda a la capital donostiarra y su territorio adyacente, mientras que los extranjeros, pobres ignorantes al parecer, han seguido viniendo como si tal cosa.
El asunto pone de manifiesto, una vez más, la escasa calidad de la democracia española. Aseverar con absoluta naturalidad que los ciudadanos de otras zonas del estado no vienen a Gipuzkoa porque gobierna Bildu, significa, además de no dejar en muy buen lugar la inteligencia de esos ciudadanos y la salud de la sociedad que conforman, admitir el chantaje como arma política. Bueno, tampoco sería nuevo. Baste recordar las campañas que se hicieron en su día contra el consumo de determinados productos catalanes, por ejemplo, cuando el independentismo catalán vivía en una mayor efervescencia. Si tuvieran razón los que sostienen semejante afirmación, se confirmaría que tantos años de intoxicación informativa han acabado por enfermar de gravedad a la sociedad española
No es el dato de la bajada del número de turistas, si es que ese dato es cierto y contrastable, lo que preocupa, sino la interpretación torticera que del mismo ha hecho, entre otros, el propio Gobierno vasco. ¿Alguien se imagina que una presunta bajada del turismo en el Levante español se pusiera en relación directa con la catadura moral de sus gobernantes?. ¿Alguien en su sano juicio puede defender en público y sin torcer el gesto, que un turista español toma la precaución de conocer quién gobierna en el sitio antes de elegir su destino?. ¿Alguien podría decir cuántos turistas españoles conocen de qué color es el Gobierno de la República Dominicana, o a qué partido pertenece el alcalde de Roma?. ¿Son castristas todos los que al cabo del año visitan Cuba?. Bueno, pues algo tan o más estúpido que todo esto se ha dicho respecto a Donostia y Bildu, y a todo el mundo le ha parecido un análisis de lo más juicioso.
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